No falla, todos los veranos comienza el ritual. Es un golpe constante que se acaba convirtiendo en la banda sonora de los primeros días del estío. Con el buen tiempo llegan las terrazas, los bikinis y… las reformas. Sea reformar cocina, cambiar el baño o tirar un tabique abajo, mis vecinos siempre tienen algo que hacer en verano. Algo ruidoso, claro…
Pensé que este verano ya me libraba, pero no. Los golpes empiezan a las 9 de la mañana. Y siguen sin descanso hasta la 1. Hora de comer. A las 3 recuperan el ritmo, aunque suele ser un poco más pausado: en vez de hacer un golpe cada dos segundos, un golpe cada tres segundos. Y al día siguiente, vuelta a empezar. Por lo menos descansan sábados y domingos.
El problema es que algún que otro vecino se anima con las reformas y decide emprender algún proyecto en fin de semana. Creo que uno de los que vive encima tiene pensado reformar cocina, al menos es lo que me ha parecido oír. Más madera.
Ya en mi época de estudiante le cogí una fuerte animadversión al tema de las reformas. Los meses de mayo y junio suelen ser claves para estudiar, pero también para las dichosas reformas. A mí siempre me gustó estudiar en casa, nunca me concentré bien en lugares públicos tipo bibliotecas. Mi forma de estudiar era un poco peculiar, de pie, hablando en alto, echado, etc. Obviamente todo eso no lo podía hacer en una biblioteca pública sin que me echaran a la calle.
Recuerdo que tenía un complicado examen sobre estética con un montón de contenido sobre filosofía que requería una especial concentración. Me coincidió con unas obras en la casa del vecino de arriba. Tal fue mi desquiciamiento que un día salí a la escalera y me puse a golpear la puerta del ascensor siguiendo el ritmo de los trabajadores. Pararon durante un rato, asustados, pero lógicamente siguieron después.
Es su trabajo, no les culpo. De hecho, no es culpa de nadie: el verano es época de reformas, así está estipulado. Pero los que no hacemos reformas y trabajamos en casa no nos queda otra opción más que aguantar… o darle golpes a la puerta del ascensor.