¿Le conviene al consumidor el pago por tarjeta?

El pago por tarjeta está cada vez más extendido en la sociedad y muchos auguran que el dinero metálico podría tener los días contados. Pero, ¿este sistema de pago beneficia al consumidor? ¿Tienen razón los que acusan a las tarjetas de potenciar las compras impulsivas o de dificultar el control de la economía?
Para empezar hay que diferenciar entre pago con tarjeta de crédito y pago con tarjeta de débito. Estos dos conceptos a menudo se engloban dentro del mismo y no podrían ser más diferentes.
Cuando se adquiere algo con una tarjeta de débito, el importe total de la compra se descuenta de la cuenta corriente asociada, por tanto es exactamente igual que el pago en metálico a todos los efectos.
En general, este sistema de pago beneficia siempre al consumidor, ya que no suele suponerle ninguna comisión y le ofrece la tranquilidad de no tener que llevar encima dinero en efectivo o verse obligado a hacer una retirada de un cajero que no sea de su entidad, de no tener uno cercano, el cual si le cobra comisiones.
Hoy, gracias a la aparición de diferentes aplicaciones para ordenador y teléfono que permiten llevar las cuentas de la economía y que se conectan directamente con la cuenta bancaria, es fácil controlar los gastos en todo momento y no gastar más de lo que se puede con estas tarjetas.
En el caso de pago con tarjetas de crédito las cosas son muy diferentes, ya que las tarjetas de crédito proporcionan al titular una línea de crédito con altos intereses. Algunas de estas tarjetas ofrecen la posibilidad de realizar pagos al contado por el total de la deuda al finalizar el mes, invitando a que la persona gaste más de lo que realmente tiene.
Una vez que llega el pago, si no pueden hacerle frente, no tienen más remedio que fraccionarlos y pagar unos intereses que rondan el 22 % TAE, una verdadera barbaridad para el consumidor.
En este caso, el pago con tarjeta va en contra de los intereses del consumidor y sí puede suponer un duro golpe para su economía. Es importante señalar que en el caso de que haga falta realizar una compra de un importe importante y no se dispone del dinero, siempre es preferible pedir un préstamo en el banco o un adelanto

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